Esta semana he tenido la oportunidad de ser entrevistada en La Vanguardia Magazine, sección de Bienestar, realizada por la periodista Judit González Pernías, sobre un tema que me parece muy actual: el auge de compartir logros deportivos en redes sociales y cómo esto puede convertirse en una fuente de motivación… o en una nueva forma de presión.
La entrevista aborda algo que estamos viendo cada vez más: carreras populares, maratones, Hyrox, retos de fuerza, entrenamientos, medallas, marcas personales, cuerpos que “progresan” y rutinas que se muestran casi como una carta de presentación. Y no, no todo esto es negativo.
Ver a otras personas entrenar puede inspirarnos. Puede ayudarnos a empezar, a sentirnos acompañados, a descubrir que somos capaces de incorporar hábitos más saludables. El deporte también conecta con necesidades psicológicas muy importantes: sentir que avanzamos, que tenemos cierto control sobre nuestra vida y que formamos parte de algo.
Pero también hay una parte delicada. Cuando el deporte deja de ser una experiencia propia y empieza a depender demasiado de la mirada externa, algo cambia. Ya no entrenamos solo para sentirnos mejor, sino para demostrar, para compararnos, para estar a la altura o para confirmar que “lo estamos haciendo bien”. Y ahí aparece la pregunta importante: ¿El deporte me está ayudando a cuidarme o se ha convertido en otra forma de exigirme más?
Las redes sociales pueden motivarnos, sí. Pero también pueden hacernos olvidar que el cuerpo tiene etapas. Hay cansancio, lesiones, estrés, edad, duelos, cambios hormonales, momentos de menos energía y periodos en los que simplemente no podemos rendir igual.
El problema no es compartir una medalla, una carrera o un logro. Al contrario: celebrar el esfuerzo también es sano. El problema aparece cuando sentimos que, si no lo publicamos, vale menos. O cuando al ver lo que hacen los demás sentimos culpa, frustración o rechazo hacia nuestro propio cuerpo.
Por eso, a raíz de esta entrevista en La Vanguardia, he preparado un pequeño test orientativo para que puedas preguntarte con honestidad: ¿Mi deporte me impulsa o me presiona?. No es una prueba diagnóstica. Es una herramienta sencilla para mirar con calma qué lugar ocupa ahora mismo el deporte en tu vida, cuánto pesa la comparación y si sigues escuchando a tu cuerpo. Porque el bienestar no debería convertirse en otro escaparate y el deporte, cuando de verdad nos cuida, no solo nos exige: también nos devuelve a nosotros mismos.
Si te apetece conocerte un poco más y realizar el test, aquí lo tienes: Test presión por el deporte


