A veces no necesitas empezar preguntándote ¿qué me pasa?, sino ¿cómo funciono?.
Quizá llevas años diciendo que eres demasiado sensible, que tu hijo es muy despistado, que te cuesta poner límites, que empiezas muchas cosas y terminas pocas, que necesitas tenerlo todo controlado, o que no entiendes por qué algunas situaciones te afectan muchísimo más que a otras personas. Y puede que una parte de todo eso tenga que ver con algo mucho más básico: tu forma de ser, de sentir, de pensar y de relacionarte con el mundo.
Conocer nuestra personalidad no sirve para encerrarnos en un «yo soy así». Sirve precisamente para lo contrario: para entender qué nos sale de forma natural, qué nos cuesta más, cuáles son nuestros recursos y qué podemos aprender a manejar mejor. Porque una misma conducta puede tener explicaciones completamente diferentes. Dos personas pueden dejarlo todo para el último momento, una porque se distrae fácilmente, otra porque necesita mucha estimulación para ponerse en marcha, otra porque se exige tanto que teme equivocarse y otra porque le cuesta organizar tareas largas. La conducta puede ser la misma, lo que hay detrás, no. Por eso una evaluación de personalidad puede ayudarnos a pasar de: «Esto me pasa» a una pregunta mucho más útil: «¿Por qué tiendo a funcionar así y qué puedo hacer con ello?.
¿Es una evaluación profesional y científica?
Sí, la evaluación está desarrollada mediante procedimientos psicométricos y cuenta con una estructura de interpretación que analiza diferentes niveles: grandes dimensiones de personalidad, rasgos específicos, características adicionales y tanto indicadores de posibles dificultades como de fortalezas. Además, incorpora escalas de control que permiten comprobar algo fundamental antes de interpretar los resultados: si las respuestas son suficientemente coherentes y si puede existir una tendencia a presentarse de una manera excesivamente favorable. Eso es importante porque una evaluación psicológica no consiste únicamente en obtener puntuaciones. Primero necesitamos saber si esas puntuaciones pueden interpretarse con confianza.
En adolescentes y adultos permite profundizar en numerosos rasgos relacionados con la forma de relacionarnos, afrontar responsabilidades, regular emociones, perseverar, tomar decisiones, tolerar la frustración, pensar antes de actuar o responder ante situaciones nuevas. También permite conocer fortalezas psicológicas y observar determinados indicadores que pueden hacer recomendable prestar más atención a áreas como el funcionamiento emocional, la atención, la impulsividad o determinadas dificultades de comportamiento.
El objetivo no es poner una etiqueta, es obtener una fotografía amplia de cómo funciona la persona.
Y realizado por personal experto en psicología clínica.
En Remodelatuvida la entrevista, la evaluación, el análisis de los resultados y la devolución son realizados personalmente por una psicóloga clínica ya que una puntuación necesita contexto, por eso primero hablamos contigo, después evaluamos y finalmente interpretamos los resultados teniendo en cuenta a la persona que tenemos delante.
¿A qué edades puede realizarse?
La evaluación puede realizarse (presencialmente y on-line) desde los 8 a los 70 años, ayudando a cada etapa.
Niños de 8 a 11 años:
- comprender cómo se relaciona con otros niños;
- conocer cómo afronta normas, cambios y responsabilidades;
- entender mejor su manera de manejar la frustración;
- detectar fortalezas personales;
- comprender su forma de enfrentarse a las tareas escolares;
- adaptar mejor las estrategias educativas en casa;
- diferenciar determinadas características de personalidad de posibles dificultades que requieran otra valoración;
- acompañarle sin convertir una conducta concreta en una etiqueta.
Adolescentes:
- comprender mejor quiénes son y cómo funcionan;
- identificar fortalezas y áreas de mejora;
- entender su forma de relacionarse;
- conocer cómo responden ante la presión, la frustración o el conflicto;
- observar posibles patrones relacionados con atención o impulsividad;
- entender mejor su forma de afrontar el estudio y las responsabilidades;
- orientar decisiones académicas y personales;
- mejorar la comunicación entre padres e hijos;
- detectar aspectos que conviene trabajar antes de que se conviertan en dificultades mayores.
Adultos:
- entender patrones que se repiten en la vida;
- reconocer fortalezas y vulnerabilidades;
- comprender mejor la forma de relacionarse;
- mejorar la toma de decisiones;
- entender cómo respondes ante la presión o la incertidumbre;
- comprender mejor determinados conflictos de pareja;
- analizar cómo tu personalidad influye en tu forma de trabajar;
- revisar cómo tu propia manera de ser influye en la crianza de tus hijos;
- identificar aspectos que puede ser útil trabajar;
- diferenciar entre «esto forma parte de mi manera de ser» y «esto puedo aprender a manejarlo de otra forma».
¿Puede ayudarme en mi vida personal?
Sí. Conocer tu personalidad puede ayudarte a comprender por qué determinadas situaciones te afectan especialmente, por qué algunos límites te cuestan más que otros o por qué repites ciertos patrones. Puede hacerte mirar algunas características desde otro lugar. Quizá aquello que siempre has llamado «ser demasiado sensible» también esté relacionado con una gran capacidad para percibir lo que ocurre a tu alrededor. O quizá aquello que siempre has considerado «ser muy responsable» esté empezando a convertirse en una autoexigencia que te está agotando. Conocerse permite introducir matices y esos matices son importantes.
¿Puede ayudar en los estudios?
Sí, especialmente en niños y adolescentes. Nuestra forma de ser influye en cómo afrontamos una tarea difícil, cuánto perseveramos, cómo reaccionamos cuando nos equivocamos, qué relación tenemos con las responsabilidades o cómo respondemos ante la presión. Dos estudiantes pueden sacar la misma nota y haber llegado hasta ella de maneras completamente diferentes. Conocer esas diferencias puede ayudarnos a plantear estrategias educativas más ajustadas a la persona, en lugar de aplicar la misma solución a todo el mundo.
¿Y a nivel profesional?
También. La personalidad influye en cómo trabajamos en equipo, cómo organizamos las tareas, cómo afrontamos la presión, cómo tomamos decisiones o qué ocurre cuando tenemos que funcionar en situaciones de incertidumbre. También puede ayudarnos a entender por qué determinados entornos laborales nos resultan cómodos y otros terminan desgastándonos. La evaluación no va a decirte qué trabajo debes elegir. Pero puede ayudarte a comprender qué necesitas para funcionar mejor dentro de él.
¿Y en pareja?
A veces discutimos porque damos por hecho que nuestra manera de hacer las cosas es la normal. Una persona necesita hablar inmediatamente de lo sucedido y la otra necesita tiempo. Una planifica todo y la otra improvisa. Una necesita mucho contacto social mientras que la otra necesita momentos de soledad. Comprender nuestra propia personalidad puede ayudarnos a diferenciar: «Mi pareja lo está haciendo mal» de «Mi pareja funciona de una forma diferente a la mía». No resuelve automáticamente un problema de pareja, pero puede cambiar muchísimo la forma de entenderlo.
¿Y si soy padre o madre?
También puede resultar especialmente útil. Educamos desde nuestra propia personalidad. Una madre muy organizada puede frustrarse porque su hijo necesita recordatorios constantes. Un padre muy sociable puede preocuparse porque su hija tenga pocas amistades. Una persona muy prudente puede tender a proteger demasiado. Conocernos también como padres puede ayudarnos a preguntarnos: «¿Estoy viendo realmente lo que necesita mi hijo o estoy esperando que se parezca a mí?». Y conocer la personalidad del niño o adolescente puede ayudarnos a acompañarle mejor sin intentar convertirlo en alguien que no es.
¿Cómo se realiza la evaluación?
- Primera sesión: valoración y evaluación. Empezamos hablando contigo. Queremos saber por qué has decidido realizar la evaluación, qué te preocupa y qué te gustaría comprender mejor. En el caso de menores, necesitamos también conocer la visión de los progenitores y el contexto familiar y académico. Después explicamos cómo funciona la prueba y realizamos la evaluación (de 30 a 40 minutos). No hay respuestas correctas ni incorrectas. Nos interesa cómo eres realmente, no cómo crees que deberías ser.
- Después analizamos los resultados: Entre la primera y la segunda sesión realizamos la corrección y el análisis profesional. Revisamos las distintas dimensiones, rasgos, fortalezas e indicadores obtenidos y comprobamos también la coherencia del patrón de respuestas. Después integramos toda esa información con aquello que nos contaste durante la entrevista. Porque una puntuación aislada explica bastante poco. Lo importante es entender el perfil completo.
- Segunda sesión: devolución de resultados. En la segunda sesión explicamos detenidamente qué hemos encontrado. No vamos a limitararnos a leerte un informe. Hablaremos de las características que destacan, de las fortalezas que aparecen, de los aspectos que pueden estar relacionados con situaciones de tu vida y de qué líneas de trabajo podrían resultar interesantes. También podrás plantear todas las preguntas que necesites. El objetivo es que salgas de la consulta no solamente con unas puntuaciones, sino con una idea mucho más clara de: «Ahora entiendo mejor por qué funciono así y qué puedo hacer con esa información.»
Inversión
La evaluación completa son 235 € e incluye:
- entrevista y valoración inicial;
- realización de la evaluación;
- corrección profesional;
- análisis e interpretación individualizada;
- informe de resultados;
- segunda sesión de devolución;
- explicación detallada de tu perfil;
- orientación sobre posibles líneas de trabajo;
- recomendación de una evaluación más específica si los resultados indican que puede ser necesaria.
- Además se puede hacer presencialmente u on-line
Todo el proceso, desde la primera entrevista hasta la devolución de resultados, es realizado personalmente por una psicóloga clínica de Remodelatuvida.
Conocerte sirve para entender por qué algunas cosas te resultan fáciles y otras te cuestan tanto. Para reconocer capacidades que quizá nunca habías considerado fortalezas, para comprender determinados comportamientos de tu hijo antes de intentar corregirlos, para entender mejor tus relaciones. Y, sobre todo, para decidir con más información qué quieres hacer a partir de ahora.

